Campus de Leioa (UPV/EHU). 15 de Diciembre de 2018

 

Eguardi on guztioi, entzule, agurgarriak. Buenos días queridos colegas.

 

Tengo que confesar que me siento emocionado y agradecido.

Emocionado por este reencuentro gozoso y festivo con mis alumnos de la quinta promoción de la Facultad de Medicina de la, entonces, denominada UNIVERSIDAD DE BILBAO, hoy consolidados como expertos profesionales a punto de culminar su devenir existencial como médicos.

 

Agradecido, en primer lugar a mi queridísima Aurora Bilbao, promotora de nobles acciones altruistas y ejemplo de superación y sacrificio; y cuya bondad infinita la he hecho merecedora de todo nuestro reconocimiento.

 

Estamos aquí porque ella nos llamó...y si Aurora nos dicen ven lo dejamos todo.

 

Emocionado, también, por el noble gesto de centralizar en la persona del Profesor Lara un inmenso cariño hacia vuestros docentes que ha permanecido incólume a pesar del tiempo transcurrido.

 

Tenemos todos una edad en la que, casi seguro, la mayoría hemos plantado un hijo, escrito un árbol y tenido un libro.....

 

Lo digo todo al revés, no porque me fallen las neuronas cognitivas, sino para auto demostrarme cierto sentido del humor.

 

Vosotros comenzasteis la carrera en uno de los momentos mas difíciles y comprometidos de la historia de este Pais. También, es cierto, que el mas ilusionante....pues contra Franco vivíamos mejor.

 

Estrenasteis una Facultad en la que todo estaba por hacer. Vuestra vocación e ilusión vicariaron todas las carencias y, a pesar de los pesares, todos, de la forma mas honrada, os habéis ganado el pan nuestro de cada día, dignificando con vuestra buena praxis la figura del médico.

 

Agradecido, así mismo, porque me disteis la oportunidad de cumplir mis sueños docentes. Fuisteis muy benevolentes con la escasa experiencia de un muchacho que entonces tenía veintipocos años.

 

Para un enseñante, sus alumnos son como los hijos adoptivos: no tienen nuestro genoma...pero, sin duda, llevan dentro algo de nosotros mismos que les ha condicionado su forma de ser y de actuar.

 

Y no hay sensación mas gratificante que comprobar con orgullo que hemos contribuido, modestamente, a formar no solo buenos médicos, si no MEDICOS BUENOS.

 

En un colectivo tan numeroso, y en una perspectiva temporal tan amplia, el destino es muy variopinto. Muchos compañeros vuestros y nuestros, cumplieron su ciclo vital.

Luego tendremos ocasión de recordarles con emoción y respeto en el "BOSQUE DE LA VIDA".

 

Al resto de los supervivientes desearos larga y feliz vida. Que vuestro ejemplo de gente brava y luchadora, sirva para las nuevas generaciones. Estos jóvenes de ahora que, probablemente, sepan de Medicina mas que nosotros, pero que carecen de esa cualidad "FIERAMENTE HUMANA", en palabras de Blas de Otero, tan necesaria para mantener la simpatía sintonizante que el paciente desea de su médico.

 

Acabo, ya, con una reflexión del escritor, poeta y periodista uruguayo EDUARDO GALEANO ("El libro de los abrazos"):

 

El mundo es eso, un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos, y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

 

......Como me está pasando a mi en estos momentos.

 

Milla esker. Muchísimas gracias por todo lo que me habéis dado.